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martes, 5 de mayo de 2009

Antropología y Muerte (Parte II-III)




Esta es la segunda parte de mi post sobre antropología y muerte, espero que pueda ser comentado y ayude a profundizar ciertos temas que pienso que no han sido tratados con la rigurosidad necesaria en la actualidad. 

 

En filosofía y en psicología se le ha dado mucha importancia al querer, pero no se ha resaltado lo suficiente la relevancia antropológica que tiene el deseo. El deseo es un proceso complejo que, ligando la imaginación con la inteligencia, permite que cada persona pueda virtualmente trazarse diversas trayectorias que en su vida cotidiana no podría realizar efectivamente; y se diferencia del querer en que no es un acto que esté determinado directamente por la circunstancia temporal, lo cual posibilita que la actividad psíquica consciente no esté -en el caso del deseo- circunscrita a las limitaciones propias del aquí y ahora. 

 

Un ejemplo de la distinción que he mencionado sobre el querer y el deseo está en que -cuando deseamos- podemos vislumbrar imaginativamente diversas realizaciones del propio yo e incluso vivir virtualmente una determinada consecución de un bien particular y aprehenderlo en una experiencia interna de apropiación intencional. Es decir, mientras que en el querer se está limitado por los objetos que de alguna manera son asequibles a la circunstancia concreta del yo real del sujeto o incluso a los objetos del yo ideal (esto es, el yo que el sujeto quiere llegar a ser si logra conseguir sus metas); en el caso del deseo, la persona puede imaginarse realizando y actualizando potencialidades que no necesariamente posee en sí mismo, pero que de alguna manera son anhelados por la actividad psíquica inconsciente. 

 

En una antropología que se olvida del carácter fundacional del deseo en la existencia humana, es normal que como consecuencia lógica se deje de lado la radical apertura de la vida hacia el futuro; lo cual necesariamente opaca el tema de la ultimidades y de la pregunta humana básica de: ¿qué va a ser de mí? Si como estamos acostumbrados en la sociedad liberal occidental, se aparta del horizonte la vida buena en términos de verdad y bien, y se pasa a una sociedad de la absoluta tolerancia y de un pensamiento débil o una mera conversación (al modo del relativismo rortyano), ya no se podrá insertar en la vida cotidiana la religiosidad natural inherente a la naturaleza experiencial de la persona humana; ya que el relativismo y la falta de búsqueda por un absoluto aunque sea hipotético en materia de conocimiento, hace que las personas renuncien –incluso en el plano inconsciente- a relacionarse con lo trascendente vital –es decir, con aquello que sin tener certeza de su existencia, la persona descubre como necesario para su vida. 

 

El deseo, como ya dije, es un proceso que hunde sus raíces en la actividad psíquica inconsciente, y por ende está sujeto a la influencia de las pulsiones instintivas. La persona desea todo lo que le es apetecible de algún modo, pero al ser el deseo un acto de la persona como un todo, este proceso desiderativo se inscribe también en la potencialidad total de la vida. Es decir, en la medida en que el ser humano se descubre como un yo y se entiende como individuo, se le hace patente a su conciencia que su vida es su yo en acción –en su dinámica de encuentro con lo otro y consigo mismo- y por ende, le es inherente apetecer su propia existencia en cuanto que esa existencia es su yo actual. 

 

Es pues, dentro la línea de argumentación que he venido desarrollando, una conclusión que cae bajo su propio peso el postular que el deseo por permanecer siendo es el deseo por excelencia; puesto que es aquel que subyace a todos los demás, ya que, solo en la medida en que deseo seguir operando y actuando (esto es, seguir existiendo) es que puedo desear por ejemplo ser un astronauta. Desear ser un astronauta presupone que deseo poseer esa realidad posible de algún modo, pero esto sólo se entiende si está implícito mi búsqueda o apetencia de mi propio yo en acción. 

 

El deseo, para resumir, se define como un proceso complejo que integra la inteligencia, la imaginación y las pulsiones instintivas (es decir integra la actividad psíquica consciente con la inconsciente) en una posibilidad de realización de todo aquello que puede ser potencialmente parte de la vida del sujeto. Incluso lo que no es posible, como desear ser un caballo o poder teletransportarse puede ser deseado por un sujeto. La única condición para que el objeto sea deseado es que se relacione con la persona desde el futuro, ya que el deseo desde una perspectiva de la acción humana, consiste en la apetencia de aquello que no poseyéndose, puede ser realizado imaginativamente o en algún momento de la existencia. Cabe destacar que se puede desear tanto objetos o eventos pasados, presentes o futuros. Por ejemplo, yo podría desear haber aprendido a tocar piano en mi pasado, en el presente ser pianista amateur y en mi futuro ser el más grande concertista de la historia. Ahora bien, puedo desear realidades pasadas o presentes en la medida en que me posiciono imaginativamente en una perspectiva tal que tanto el presente como el pasado son vistos como realizables en mi futuro imaginativo (es en este horizonte que aparece la nostalgia y la frustración –estos puntos ya los trataré en otro post). 

 

Pero la total apertura desiderativa propia del sujeto humano hace que la posibilidad existencial de su muerte se vea como una pared a su proyección en la acción. Y esto permite que desde una perspectiva de la persona como un yo en acción, se plantee la posibilidad imaginativa de proyectarse incluso después de la muerte. La persona como proyecto es un ‘dato’ nunca acabado, y esto se evidencia en que una persona incluso cuando está con cáncer terminal sigue viviendo como si el siguiente segundo fuera una posibilidad de realización de una determinada acción. Esta contradicción entre lo finito de nuestra existencia -que se debe a su constitución empírica concreta-, con la apertura proyectiva propia del yo humano, hace que surja un deseo de inmortalidad implícito. Incluso un suicida cuando se mata lo hace porque ya no desea vivir, pero no la vida en general, sino, esta vida en concreto; por lo cual, su acción también se inscribe en un deseo de realizar proyectivamente su propio yo. Si a un suicida le dieran la oportunidad de cambiar radicalmente su circunstancia tal cual él la percibe, su acción se dirigiría a la posesión de su circunstancia y de su yo vital, y ya no a su propia muerte. 

 

Poseer es, desde mi perspectiva, un acto de hacer íntimo aquello que se presenta en primera instancia como un no-yo. ‘Íntimo’ es aquello que radica en mi vida y forma parte de mi circunstancia, es aquello que ya ha dejado de ser simplemente una realidad “objetiva” y ha pasado a ser una realidad en mí. Así pues también en el plano del deseo, existe el deseo como actividad inestructurada que se puede dirigir a cualquier objeto (ideal o real) y el deseo como actividad estructurada que se dirige a objetos ideales o reales que están en consonancia con el argumento o contenido biográfico de una persona en concreto. A este deseo que se inscribe ya en la vida concreta, y por ende es ya un deseo personal lo llamaré como Julián Marías una ilusión. Es la ilusión donde confluyen el querer y el desear, puesto que cuando algo ilusiona o se percibe como necesario para poder seguir siendo, no sólo se desea como posibilidad, sino que se desea como realidad, lo cual lleva a que el sujeto quiera poner los medios para alcanzar y realizar eso que él percibe como fundamento de su despliegue personal. 

 

En mi siguiente y último post de esta trilogía, profundizaré el tema de la ilusión y la muerte, y el problema ya enunciado aquí de la sociedad relativista junto con el problema antropológico que puede estar en la base de una cultura de valores que se basan en la tolerancia como piedra angular.

15 comentarios:

Ricardo Milla dijo...

Estimado Raúl:

Muy interesante tu post. Como siempre muy ejemplar (más allá de todos los ejemplos que usas, jaja).

En relación a tu estilo, es muy claro, sencillo, pero a la vez complejo. Creo que rescatar lo mejor de las filosofías analítica y hermenéutica, esto es, insular y continental, es una labor que debe ser llevada a cabo. Aunque queramos ir contra Hegel, su molestosa Síntesis aparece siempre como algo necesario cuando una pareja de conceptos van juntos, excepto que nos agarremos del deconstructivismo, que es, por cierto, muy útil.

Ahora, no hay, tanto en filosofía como en psicología, una reflexión cabal y bien desarrollada sobre el deseo. Estas reflexiones pueden ser unas notas para una futura antropología en la que se apuntale en la realidad futuriza del hombre teniendo como punto de apoyo el deseo. De hecho el existencialismo del s. XX puede ayudar mucho en esto, como puede ser Heidegger.

Por otro lado, ¿puedes explicar mejor eso último de lo inestructurado, lo estructurado y la ilusión?

La felicidad es la clave de una ética de virtudes a lo Aristóteles. El cree que debe haber una educación a base de tener modelos de excelencia los cuales me sirvan como lo que son, paradigmas introducen a la persona en prácticas necesarias para su desarrollo. La vida buena es buscar qué es la vida buena para mí, según mi propio yo, mis circunstancias y lo que acontece en mi vida. El problema del liberalismo, en su fase más radical de relativismo y nihilismo, no permite que absolutamente nadie se realice, pues su desconfianza, o más bien, su deslegitimación sobre lo que es bueno, o en fin, lo que es el bien o cuales son los bienes que constituyen una forma base de vida humana de virtud, hace que nadie sea, a fin de cuentas, un anthropos telei, a la mejor manera socrática.
MacIntyre, en esto, ayuda muchísimo.

Si seguimos a Giusti en su último libro, tendríamos que ir en pos y tras una síntesis entre las éticas actuales. Esa es la búsqueda de MacIntyre, si bien él sí sabe que lo bueno del liberalismo es lo más bajo del aristotelismo. Así, la postura de Aristóteles se presenta como la mejor y su escuela por ende también.

El liberalismo con su mundo se cae, aquel mundo de superficialidad e individualismo atomista que nos trajo la modernidad se viene abajo; y reflexiones como las tuyas ayudan a mostrarnos un camino a lo que podría ser una idea fuerte de lo que es la vida buena en términos de la arete y la eudaimonia.

Saludos,
Ricardo.

Raúl Haro Gonzales-Vigil dijo...

Estimado Ricardo:

Gracias por tu comentario. Es cierto que este texto es parte de un proyecto más grande donde pretendo investigar el tema de la antropología, y al principio quiero dedicarme a investigar el tema del deseo y la vida.

El tema que mencionas en relación a la felicidad y las virtudes creo que lo matizaría un tanto, pues requiere una mayor formulación antes de plantearlo, sino podemos caer en una petición de principio con nuestros argumentos. Creo que sería conveniente rescatar el diálogo y el pluralismo que defiende el pensamiento liberal, si bien matizándolo con una metafísica de fondo y una reflexión antropológica coherente y rigurosa. Creo que uno de los problemas de ambos bandos -reaccionarios y liberales- es que muchas veces sus argumentos se basan en una mera exposición de ideas antes que en una argumentación 'justificativa' donde se encuentre el mejor sistema de entendimiento que pueda dar luces a una vida que se adecue al bien del ser humano en su relación social.

Ahora bien, el problema del liberalismo es que su sistema de interpretación de la realidad se basa en un a priori que pretende postular que un pensamiento es válido si y solo si es producto de una visión post-metafísica. Creo que para no retroceder en pensamiento, lo que deberíamos hacer antes que desechar de por sí todos los postulados del liberalismo, es darles a sus ideales un giro semántico. Creo que el plan de acción de una reflexión seria no está en sostener un sistema reaccionario puro que no es posible de ser sostenido en la sociedad actual, ni tampoco caer en el pluralismo relativista en el que cae el liberalismo.

Saludos,
Raúl H.

Raúl Haro Gonzales-Vigil dijo...

Estimado Ricardo:

Creo que tengo que matizar algunos puntos de mi comentario anterior, para que no se caiga en equívocos sobre mi postura. Pienso que la reflexión de Aristóteles sí sirve para ayudar al entendimiento de lo que es el fin o telos del ser humano en función de su naturaleza; pero para un mayor entendimiento de la vida social me parece que se deben integrar las antropologías que subrayan el papel de la relación como base metafísica de la vida buena (Buber, Rogers, Levinas, Wojtyla, Ortega y Gasset, Marías, Leonardo Polo, Yepez)

Y en verdad no creo que se solucione nada al hacer una mera síntesis entre éticas que son esencialmente incompatibles (supongo que me compraré el libro de Giusti para ver qué es lo que dice en su libro); sino que se debe buscar trascender los límites mismos de la moral como vivencia subjetiva, para así realizar un análisis semántico de los diversos modos de considerar la vida buena, tomando como criterio la relacionalidad humana (que a mi entender es la esencia de la sociedad).

Bueno, ya profundizaré sobre este punto en otro post, ya que quedan muchos temas en el aire. Espero tu respuesta sobre las consideraciones que he hecho.

Saludos,
Raúl H.

Ricardo Milla dijo...

Estimado Raúl:

Veamos.

1. El giro semántico que propones es parte o heredero del giro lingüísto. Bien posmoderno estás ah! Jajaja...

2. Del liberalismo hay que desechar todo y es algo que debes, no sólo entender, sino aceptar pues es una verdad que para un realista a los tomista y relacionalista como tú debe cae por su propio peso. Antes que te aplaste, acéptala. Todo lo bueno que mencionas (y piensas) del liberalismo es sólo una montaña de propuestas arregladas de manera analítica que vienen de la Edad Media. Es evidente que todo lo bueno que defienden no ha nacido del liberalismo y su reflexión sino de otros lados. Te remito al texto de VSR que tienes.

3. Giusti es un liberal, pero con ideas interesantes. La comparación es sólo ilustrativa.

4. El tema de la relacionalidad está ya en Aristóteles. El fundamentar la virtud y el bien en la amistad es ya mucho para ese griego. Los autores que mencionas son todos, pero todos (hasta el judío) herederos y dependientes de el Estagirita. No pueden escapar a la tradición aristotélica y tú tampoco.

5. Mis imperativos sobre ti no los hago de manera gratuita sino por conocimiento intuitivo directo.

Saludos buen amigo,
Ricardo.

Raúl Haro Gonzales-Vigil dijo...

Estimado Ricardo:

1.- Tienes razón en lo que dices, y por eso es que rechazo los presupuestos teóricos del liberalismo. Aunque sigo pensando que algunos de los valores que evocan son verdaderos -vengan de donde vengan- por lo cual si se quiere dialogar, el punto está buscar el verdadero sentido y significado de dichos valores en la vida concreta del ser humano.

2.- Es cierto que Aristóteles ya había hablado de la relacionalidad, y Tomás también había profundizado en el tema. En ese sentido se puede decir que los autores que menciono se enmarcan en la tradición aristotélica. Pero cada uno de ellos profundiza en el tema de la relación, y desde la fenomenología o desde la misma metafísica logran vislumbrar cuestiones que ni Aristóteles ni Tomás habían pensado.

Un abrazo fraterno,
Raúl H.

Ricardo Milla dijo...

Estimado Raúl:

1. Es cierto. Conversemos con ellos. Nadie es "el" puro en nada.

2. Bueno, pero son un pie de página de Aristóteles. Profundizan en lo dado por el maestro. Por ello, somos aristotélicos.

Saludos.

Raúl Haro Gonzales-Vigil dijo...

Estimado Ricardo:

No sólo profundizan en lo que él dijo, sino que la misma historia hizo que vieran problemas que antes no podía ver Aristóteles desde su circunstancia. Es bastante reduccionista afirmar que todo aquel que enuncie una verdad sobre el hombre y su vida social es un pie de página de Aristóteles. Parece casi un culto al divino Aristóteles. Y sí me considero un seguidor de Aristóteles pero de la misma manera en que me considero seguidor de Wojtyla y de Buber en cierto modo. Yo creo en la escucha atenta de todo lo que se dice en la diversas tradiciones para así -en diálogo- ir penetrando en la verdad. Conozco tu pensamiento y sé que no has querido radicalizar tanto como puede parecer en mi comentario tu pensamiento; pero es bueno matizar.

Un Abrazo,
Raúl H.

Ricardo Milla dijo...

Raúl, bueno, matízalo si deseas. La cuestión es que los que mencionas se encuadran perfectamente dentro de la tradición aristotélica. No es que estén encerrados en Aristóteles y su filosofía, sino que éste griego puso bases muy importantes de las cuales sería estúpido obviar. Como diría el divino Nietzsche "toda creación personal, en apariencia absolutamente original y muy sinceramente admirada, parecía a su lado [de los griegos] perder repentinamente el color y la vida y abortar en una torpe imitación, en caricatura". Ciertamente en este alemán hay un cuasi culto a los griegos, pero es interesante lo que dice. Ciertamente Aristóteles no fue dueño de la verdad pero sí muy amigo de ella.
Todo es mejorable, todo es perfeccionable, "nada nuevo hay bajo el sol".

Saludos,
Ricardo.

Raúl Haro Gonzales-Vigil dijo...

Así como obviar la tradición aristotélica en la que se pueden enmarcar es estúpido, asimismo, darle mayor importancia de la que tiene es igualmente estúpido. Y sí, hay cosas nuevas, sólo que se va creciendo sobre hombros de toda una tradición viva, que encontrando uno de sus pilares en Aristóteles, se desarrolla a través de pensadores que tienen su origen en su diálogo con diversas tradiciones y diversas perspectivas. El que Aristóteles haya puesto las bases, no significa que todos los demás que vienen después de él sean un pie de página. Tu frase como te dije es exagerada.

Sería interesante que comentaras sobre el tema en sí del post, ya que el tema de desarrollar una antropología profunda es lo que me propongo. Acepta que estás exagerando con tus frases, nada más.

Saludos

Ricardo Milla dijo...

Yo creo que no exagero. Pienso que todos los autores que muestras son parte de la tradición aristotélica. Si quieres también de la judía, la cristiana, la hinú, la islámica, la platónica, la cartesina, etc., pero el aristotelismo es fuerte en "tus" autores y eso es innegable, todo ello no es exagerar.

Saludos,
Ricardo.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Raúl;

Tu argumentación en torno al deseo y lo ilusorio o lo pasado me parece sugerente. Al parecer, según tú hay una suerte de proyección intencional, una presuposición que yo llamaría ontológica fuerte. Según esta presuposición, el deseo está motivado por una realidad, que existe en el futuro o ha existido en el pasado, pero que al ser posible se ve siempre como actuante. Esto me gusta, no por su realismo ontológico, sino porque se abre a la idea de la actualidad del pasado como una realidad efectiva, lo cual confiere al pasado el status de presente motivador. El pasado, pues, sería real tanto como el futuro. En política, motivarse por el pasado tendría tanto peso como hacerlo por el futuro. La consecuencia: aligerar la diferencia entre izquierda y derecha, entre progresismo y reacción. El deseo orientado hacia el pasado, dada la realidad de éste, sería tan poderoso como el futuro. En realidad, sería el futuro mismo actuando en el presente.

angela maria gonzales dijo...

raul.
la filosofia, en nuestro contexto es vista como una carrera "que no da plata", a diferencia de la psicologia que tiene campo de accion no solo en la investigacion si no tambien en la ayuda clinica. consideras tu que la filosofia se puede utilizar tambien en la ayuda a personas asi como la psicologia o el psicoanalisis?

Raúl Haro Gonzales-Vigil dijo...

Estimada Angela:

La filosofía es una actividad que despliega el intelecto humano de tal manera que te permite conocer el sentido de las cosas y admirarlas en su complejidad. Por ende creo que la filosofía sí puede servir para ayudar a otros, pero sólo en la medida que ayuda a conocer y despertar las potencialidades inherentes al otro. Pero en un sentido clínico, creo que es necesario un conocimiento científico del organismo humano y las posibles patologías, por lo cual sí creo que el psicólogo se distingue del filósofo.

Ahora, mi opinión Angela es una psicología y una terapia que no utiliza como medio de análisis la filosofía es una psicología vacía y carente de sentido. Yo creo que filosofía y psicología son complementarias en una visión integral del hombre.

Saludos.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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